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martes, 4 de agosto de 2015

Los estudiantes no quieren estudiar


Parto de una pregunta: ¿qué hacemos para que los estudiantes quieran estudiar?

Es interesante la pregunta, porque no es posible preguntar esto otro: ¿qué hacemos para qué los estudiantes se interesen por aprender? Al hecho del que partimos es que a los estudiantes no les interesa estudiar, yo agregaría otro hecho, a los estudiantes sí les interesa aprender. Entonces, si les interesa aprender, pero no estudiar, puedo concluir en dos afirmaciones:

1.  Hay algo en estudiar que no se relaciona con aprender y que no les interesa.

2.  Hay aprendizajes en el estudio que no les interesan.

Suponemos que todo lo que los estudiantes tienen que estudiar es necesario para la vida ciudadana, porque algunos de nosotros lo han pensado y se ha consagrado. Sin embargo, el hecho es que ellos observan que la mayoría de los que terminan la escuela no triunfan como les muestran la televisión y la opinión. Más bien observan que algunos no terminan la escuela y triunfan. Por lo tanto, iguales oportunidades tiene el que no estudia y el que estudia. Conclusión: para qué estudiar,  o, si me obligan, por qué esforzarme en estudiar.

Por otro lado, muchos estudiantes tienen que ganarse la vida desde antes de terminar la escuela, o tienen problemas en casa que anulan el esfuerzo que puedan hacer. Y contra ello, ellos solos no pueden.

El problema de interesar al estudiante en el estudio (una redundancia contradictoria, parece) es equivalente a la del adulto que se interese por un trabajo que no ha elegido o que no le gusta pero que debe continuar.

¿Cuál es la solución?

La solución, en líneas generales, suponiendo que nada cambie en el contexto, es alimentar la necesidad del estudiante por aprender, aunque sea selectivamente. Hacer del aprendizaje una cuestión de vida o muerte ("muerte" en el sentido de pérdida de identidad, que para el adolescente es lo que cuenta). Y nosotros, como docentes, convertir el estudiar en un aprendizaje guiado antes que en una obligación.

Ahora, esto es fácil de decir pero difícil de llevar a cabo. Quizá los estudiantes tengan algo que decir en cómo pueden aprender mejor algo que no les gusta y hacer de la vida estudiantil una convivencia con una meta común. Lo que es difícil igual, pero "una pena compartida es más llevadera", digo.

En otras palabras, mientras involucremos a la mayor cantidad de personas en el problema, preocupadas y dispuestas a ayudar, las posibilidades aumentan. El problema de interesar al estudiante por seguir el camino de la escuela debe ser un asunto de padres, maestros y comunidad, porque ellos son el futuro de la misma sociedad.

Si bien éste es un planteamiento bastante común, no es una solución. Es, más bien, una condición. Lo que se necesita para que los estudiantes quieran estudiar pasa por dos posibilidades:

La primera opción es…

Si van a estudiar algo sobre lo cual no hay forma en que se interesen, se emplean formas de persuasión. Antes de la conciencia del niño como ser humano, eso pasaba por castigo físico, ahora, se buscan formas de “engatusamiento”, en el buen sentido de esta palabra. Sin embargo, hay saberes y aprenderes que no se alcanzan sin obstáculos y displacer (para no decir esfuerzo y pena y dolores), saberes y aprenderes que son necesarios pero nunca serán agradables, por alguna razón real. Digamos que el aprendizaje del error y la mentira (en sus consecuencias), por ejemplo, o la memorización de las tablas de multiplicar (si no encontramos forma para deducirlas o derivarlas de manera feliz). La pregunta es aquí: ¿por qué el estudiante haría el esfuerzo o soportaría el dolor de ciertos saberes y aprenderes? Supongo que eso sucede cuando el estudiante alcanza a ver un bien mayor más allá del momento del “sufrimiento”, es decir, cuando el estudiante es capaz de vivenciar un horizonte temporal suficientemente amplio para darle sentido a ese obstáculo. Pero no basta con esa conciencia, debe ser capaz de autocontrol, de reorientar sus pulsiones momentáneas o de engañarlas o de convertirlas en  algo distinto. Aquí siguen las preguntas: ¿cuándo aprende el estudiante la conciencia de un horizonte temporal y el autocontrol? No suele ser parte de nuestra enseñanza, se consigue sin saber cómo y por eso ni se consigue en la mayoría de los estudiantes. O lo consiguen solos, si les pique el bichito de un hobby o una pasión. Es el aprendizaje de las actitudes. El pariente pobre de la enseñanza actual.

La segunda opción es…

No sirve sin la primera, creo. Es acercar el estudio al estudiante: recrear los planes de estudio según los cambios en la mentalidad del estudiante. Por ejemplo, los planes de estudio por objetivos o por capacidades son adecuados para una sociedad donde el trabajo es modular, tipo línea de montaje. En estos momentos, se tiende a una visión holística de la actividad social, en parte debido a los cambios en las posibilidades de comunicarse e interactuar. Hay que estudiar del mismo modo y los contenidos deben estructurarse así, digamos, en un currículo organizado sobre la base de proyectos y no sobre áreas de conocimiento. Se aprende por situaciones y no por temas, me parece.

Finalmente, ahí lo dejo, para repensarlo.

 

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Esta institución, nacida del corazón de esta comunidad de San Jacinto, vio sus primeras luces de la mano de aquel grupo de pioneros docentes y de estudiantes que hoy son parte de una generación que ha construido el país, permitiendo que aquel pequeño pulso de hombres y mujeres progresivamente fuese creciendo para conformarse como una de las instituciones que acogen un número significativo de estudiantes de las distintas partes de la zona en la que se ubica.

Han sido años muy importantes, las generaciones pasadas han logrado al menos transitar en dos o tres oportunidades con nuevos hijos de esta nación, la cuna del aprendizaje les llevo de la mano hasta cruzar la meta deseada e iniciar la gesta en una forma que no cansa.

El corazón de los docentes de hoy, viven embargados en sus corazones del mejor afecto presente y de quienes ya pasaron, así mismo, los docentes que partieron al otro lado del camino, son recordados con afecto por esa labor imborrable que demarcaron sus vidas.

Si bien, esta institución ha transitado por momentos complejos en función a hechos violentos que siempre son lamentables, la realidad es que el balance permite determinar que nuestros éxitos han sido mayores que nuestros errores, es posible que no todos sepan de nuestras glorias, pero hemos sido determinantes en espacios donde pocos han logrado.

Nuestros estudiantes y docentes han sido distinguidos en diversas oportunidades por alcanzar metas que otras instituciones escasamente han conocido, de las manos de estos hijos han salido las obras del trabajo coordinado. Las glorias del éxito han sido llevadas hasta más allá de las fronteras del país.

Sirva esta ventana digital para mostrar al mundo, que somos una comunidad de docentes, estudiantes, personal administrativo, de mantenimiento, directivos y demás quienes todos los días arreamos el sol para iluminar nuestros esfuerzos.